03 mayo 2007

Un mundo hostil y boludo

Todo empezó ese día que yo estaba tranquilo disfrutando una siesta de primavera. El clima era precioso el agua estaba tibia y serena y por ahí algo parecido a un terremoto me expulsó para siempre de mi paraíso como a Superman de criptón.
Ahí de una, una vieja con unas tijeras grandotas me cortó el suministro de alimentación y, aunque digan que ya no se hace, me agarraron de las patas y me pegaron en la cola. Cuando me puse a llorar sentí que me ardían los pulmones, una luz intensa me cegaba y me estaba cagando de frío.
Allí descubrí que este mundo de mierda iba a ser bastante jodido para mí.

Claro que no todo fue malo porque al rato de haberme cortado el cordón, empecé a sentir por primera vez hambre y me llevaron con mi vieja. Ahí me pusieron una teta en la boca y fue una sensación tan linda que aún hoy, a los 40 años, sigo chupando la teta (no la misma, por supuesto)
Lo que también me dio placer y a los pocos meses lo descubrí, era tocarme el pito. Pero eso no debería ser tan bueno, porque cuando chupaba la teta todas las viejas pintarrajeadas decían: ¡que lindo! Pero cuando me tocaba el pito decían ¡no te toques eso, chancho! Y me pegaban en la mano.
¡Chancho!... Por un tiempo me lo creí y les hice caso, pero cuando llegué a adolescente me agarraba el pito muy seguido y me daba mas placer que antes. Al principio sentía culpa, pero algo me decía que hubiera sido peor haberles hecho caso.

Los sobrevivientes de esa época estamos todos medios chiflados. Si alguno está sano es de pura casualidad. Fijate, cuando éramos pibes y dejábamos un poco de leche en la taza tus viejos te psicopateaban diciéndote: ¡Vos no tomás la leche y hay tantos chicos que se mueren de hambre en el mundo!. ¡Te echaban la culpa a vos, un pendejo de 6 años que lo más jodido que hacías era ver el capitan Piluso de que los pibes se mueran de hambre! En esa épcoa no había políticos corruptos, ni imperialistas de mierda... la culpa de la mortalidad infantil era de un pobre boludo que no terminaba la leche.

Así uno fue creciendo en esta vida como pudo, escondiéndose de los adultos para que no le digan chancho. Es jodido ser adolescente: si te tocás el pito sos un chancho degenerado; si dejabas la leche eras un asesino, si usabas el pelo largo eras un hippie comunista y drogadicto, o puto, que en esa época era peor que ser todo lo demás.
Eran tiempos en que los adolescentes se tenían que esconder de todo: eras demasiado grande para jugar a las bolitas pero demasiado chico para tener novia. Si usabas el pelo largo te paraba la cana y te decía “mañana lo quiero con el pelo bien cortito Ehhh?.” Al colegio no te dejaban entrar si no tenías el pelo corto y con raya al costado izquierdo, que era lo único que se podía hacer en la izquierda, ¡no te ibas a hacer la raya de la derecha porque eras rarito!
Si te pescaban dándole un beso a una mina te cagaba a pedos cualquier viejo de mierda: que eso era inmoral, que en la calle había pibes y les estabas dando un mal ejemplo...
¡Mal ejemplo!... los milicos habían usurpado el poder, torturaban, mataban, te desaparecían, pero era inmoral darle un beso a tu novia en la calle. ¡Que revolucionario hubiera sido hacer la de Lennon y salir todos a coger a Plaza de Mayo! ¡Que los chicos aprendan carajo que el amor nunca es pecado!

Pecado... para los curas todo era pecado (y sigue siendo) Besar a tu novia era un pecado venial, tocarle el culo te mandaba al purgatorio; y si la llegabas a dejar con el bombo era mejor que aborte antes que nadie se avive porque sino era pecado mortal.
¡Hipócritas! ¡Generación de víboras! Ellos golpearon la puerta de los cuarteles, confesaban a los represores, le daban la hostia a todos los hijos de puta dictadores y asesinos, le decían que estaban sirviendo a la patria al sacar un gobierno democrático, al torturar y matar. ¡Apoyaban la dictadura! ¡Impusieron la dictadura! Y a vos te decían que te ibas al infierno si amabas a tu novia.
Monseñor Plaza y todos sus secuaces ¡Ojalá exista un demonio que los torture eternamente en el infierno! Pero no creo, porque en ese caso el demonio estaría haciendo la voluntad de Dios.
El sueño de uno es parte de la memoria de todos
(Jorge Luís Borges)


Todo el día tuve una extraña sensación, un cosquilleo en el pecho, algo parecido a lo que sentí cuando falleció Arturo: “acidez en el corazón”. Me acosté a dormir temprano con esa angustia incomprensible e instantáneamente me quedé dormido.
Mil imágenes vinieron a visitarme en mis sueños: algunos retratos de mi infancia, miedos que no recordaba haber tenido alguna vez pero se hacían presentes con un vigor poco común en un sueño. Mi guitarra conversaba en voz baja con un vaso de vino como en una despedida triste vaya a saber de quién.
Esa madrugada mientras dormía sonó el teléfono. Una voz llorosa y lejana me daba la triste noticia de la muerte de un amigo: ¡murió el viejo!, lo apretó un toro bravo cuando estaba trabajando en la estancia... la angustia con que me acosté (pensé inmediatamente) estaba profetizando la muerte del Negro.
Inmediatamente salí para los pagos de Castilla, a unos 180 kilómetros de mi San Isidro natal. Una niebla espesa inundaba la ruta siete. Cuando llegué me llamó la atención ver todo oscuro en la casa de los Alberti. Pensé que tal vez el cansancio los había obligado a suspender el velorio para la mañana siguiente. Tal vez habían derivado el agónico cuerpo del Negro a Chacabuco y todavía no le habían entregado el cadáver.
Sea como sea no quise molestar y me senté en la puerta a esperar algún movimiento.
El alba me sorprendió dormido, la madrugada de julio había sido rigurosamente fría, una manta blanca cubría todo cuanto me rodeaba pero para mi admiración no sentía frío alguno. Mi sorpresa fue mayor cuando miré por el pasillo y la figura del negro venía avanzando desde el fondo. Me abrazó y me dijo: ¡qué sorpresa viejo, no te esperaba por estos pagos!
No le dije nada, no sabía como decirle. En silencio entré, calentamos el agua y mientras mateábamos junto a la salamandra quise explicarle que sin dudas había sido víctima de un chiste de mal gusto pero él me respondió: ¡no, es cierto lo que te dijo Sandra, estoy muerto!...
Luego de unos minutos de silencio que parecieron eternos me explicó: los muertos, seguimos de este lado con nuestra vida normal, como la de allá. Ahora me voy a ordeñar las vacas y a tomar unos mates con el finado Cabeza mientras espero a mi familia.
¿Cómo entonces estoy acá en lugar de estar en tu velorio?, pregunté intuyendo la trágica respuesta. Es que anoche cuando venías, la cerrazón no te dejó ver un camión que venía ligero y sin luces de contramano; te tiró a la vanquina y te mató... Pero no te entristezcas viejo, podría ser peor. Vení, vamos a tomar unos mates con el finado cabeza que no sabe que estás entre nosotros y se va a poner contento de verte de este lado de la vida.
Desperté sobresaltado, fui al baño, me lavé la cara con agua fría para despabilarme y mientras tomaba unos mates en la cocina me embargó la duda que cargaré sobre mis espaldas el resto de mi vida... o tal vez de mi muerte.

01 mayo 2007

Reflexiones de invierno

Un domingo de invierno y lluvia al ocaso, me siento en mi sillón a tomar mate amargo en silencio y soledad y escucho las campanadas lejanas de la iglesia que llaman a sus fieles a misa. Una profunda tristeza me causa satisfacción. No hay nada más triste que las campanadas de la iglesia pero también se que las extrañaría si no estuvieran.
Es en ese momento que reflexiono sobre nuestro lenguaje y pienso que no existen palabras para definir algunos sentimientos. Este que yo experimento, por ejemplo, no tiene definición: “tristeza que da satisfacción”. “Nostalgia”, tal vez “melancolía” son las palabras más cercanas, pero igual le pasan a años luz de distancia.
Esa tristeza satisfactoria es la que experimento siempre que mateo en soledad. Siempre tomo mate amargo con mi viejo. Cuando tomo vino tinto con Arturo, no lo hago en silencio. Siempre escuchamos juntos el payador perseguido. Creo que están presentes. Creo que la muerte es irrelevante.
Es que en última instancia la muerte no existe. Todos mis muertos me habitan. Habitan en mi casa. Viven en mi guitarra, en mis recuerdos. En mi mate y en mi vino.
Alguien dirá, es cierto, que no todos los muertos viven en memorias y emociones. Es relativamente cierto. Para encontrar la verdad de esto hay que definir correctamente las palabras vida y muerte. ¿Quién recordará a aquel que no vivió nunca? Mucha gente transitó como turista por la vida…. Poca gente vivió. ¿Me explico?: no es lo mismo caminar por colonia que ser uruguayo.

30 abril 2007

"Bienaventurados los obispos perseguidos"...

Parece ser que el obispo argentino Bergoglio, criticó al gobierno actual caracterizándolo de perseguidor, y en un acto de extrema humildad, afirmó que la iglesia “siempre es perseguida”…
Realmente causa gracia ver a un obispo que el Estado Nacional le da mensualmente más de 7000 pesos (en un país que el sueldo promedia los $ 700.-) acusando al “patrón” (si le paga es el patrón, ¿o me equivoco?) de perseguirlo. Tendrá que quejarse al gremio de los obispos y sacerdotes. Tal vez hagan un paro, o misa “de brazos caídos”…
¿Qué se sentirá ser perseguido en una iglesia que inventó la inquisición? ¿estarán acostumbrados los miembros del santo oficio a que le paguen con la misma moneda? ¿Será el Opus Dei un grupo de creyentes perseguidos? ¿Estudió historia el Señor obispo? ¿conoció el museo de la inquisición en Lima? ¿Conoce los elementos de tortura que el santo oficio utilizaba?
Pero no hay que ir tan lejos señor obispo: ¿Se acuerda cuando apoyaban los vuelos de la muerte? ¿Cuándo bendecían las armas represoras de la última dictadura? ¿Cuándo “contenían” espiritual y moralmente a los asesinos, represores y torturadores?
Ojo, no se confunda, no estoy defendiendo al gobierno del que soy oposición, pero ante tanta ridiculez la indignación me hace pensar en una frase poco teológica: Monseñor Bergoglio: “¡Déjese de joder!”