31 enero 2008

Derribando muros de enemistad II

2.- El derrumbe social (la caída de los prejuicios)
Otro muro que es imperante derribar es el muro de los prejuicios. Sabemos que en más de un país existen iglesias cristianas para negros y para blancos, y me atrevería a decir que es universal que existan iglesias para pobres y ricos. Los mismos cristianos ponen barreras buscando volver a construir desde los escombros de un muro derribado por su maestro una muralla de prejuicios raciales, nacionales, culturales y políticos.
Decía Sastre que para fortalecer un grupo es necesaria la creación de un enemigo externo y un sospechoso interno. No estoy de acuerdo, no al menos en todos los casos. Es posible ver en el otro, en el diferente, no un enemigo sino un complemento, miembro de un círculo más grande que comprende al mío. No tiene porqué oponerse sólo por ser diferente.
Las mujeres, por ejemplo, son otro sexo, pero no enemistados con el hombre sino complementario. Ambos conforman un endogrupo mayor al que llamamos “raza humana”.
La soberbia de pensar que los cristianos somos los dueños de la verdad absoluta nos ha llevado a pensar que las otras culturas están sujetas por completo a las garras del demonio. Todo lo de ellas es malo. Predicar el evangelio se ha convertido entonces en un avasallamiento cultural, político y económico de los pueblos endemoniados (y pensando así los demonios somos nosotros). Es así como predicar el evangelio en América Latina ha sido sinónimo de predicar las costumbres burguesa de la cultura anglo sajona.
Podemos ver en el otro un “igual – diferente”. Podemos acercarnos a otras culturas sin ultrajarlas en nombre del evangelio. Podemos convivir con el que piensa y actúa diferente sin tratar de humillarlo. Se puede no ser inferior ni superior, sólo distinto.
El evangelio destruye muros de enemistad, no los levanta.

29 enero 2008

Urgente se necesita mano solidaria

(Clarín)

Todo el que pueda colaborar con algo, lo que sea. La agrupación Hombre Nuevo está enviando a su óficina en Salta

Se agrava la situación en Salta por la crecida del Pilcomayo: nuevos parajes quedaron aislados
12:41
En Santa Victoria del Este, el río alcanzó hoy los 7 metros y dejó incomunicados a los poblados de El Cruce, Padre Coll y Misión Anglicana. En la capital provincial, fueron evacuadas unas 180 personas.
Nuevos parajes quedaron aislados en el norte de Salta por la crecida del río Pilcomayo, que alcanzó una altura de siete metros. Las intensas lluvias también se hicieron sentir en la capital provincial, donde se desbordó el río Vaqueros y debieron ser evacuadas unas 180 personas. El jefe de Operaciones de la dirección provincial de Acción Civil, Gabriel Muñoz, informó a la agencia Télam que en Santa Victoria Este el Pilcomayo alcanzó su cota máxima, que es de 7 metros, y aisló a los poblados de El Cruce, Padre Coll y Misión Anglicana. Las lluvias intensas en el noreste de la provincia, también limitaron la provisión de ayuda a Santa María y a Misión de La Paz. El desborde del Pilcomayo comenzó la semana pasada debido a las intensas lluvias que se registraron en la región y en el sur de Bolivia. Hasta el momento hay unas siete mil personas afectadas. En la capital salteña, 182 personas fueron evacuadas en las últimas horas debido al desborde del río Vaqueros. La secretaria de Acción Social, Ivet Lucet, informó que 90 personas fueron trasladadas en el noreste de esa ciudad y 92 en los barrios del sureste. En Orán, en tanto, la ruta 50 permanece cortada por la crecida del río Pescado. Y en proximidades de las localidades de Embarcación y Pichanal se registran interrupciones momentáneas sobre la ruta nacional 34. (Fuente: Télam)

28 enero 2008

Derribando muros de enemistad

El siguiente artículo será publicado en 4 etapas.
Comenzaremos hablando de los "muros políticos", luego de los "prejuicios" para pasar a los "muros religiosos". Finalizando con una poesía realizada por Carlos Splavsky, compañero poeta de Plaza de muramMayo y hermano de militancia.
Los invito a leer, opinar y disentir.
Gracias

Efesios capítulo 2: 14 - 19
Porque él es nuestra paz, que de todos los pueblos hizo uno, demoliendo en su carne, la pared intermedia de separación, dejando sin efecto las enemistades, la ley de los mandamientos en forma de dogmas, para crear en sí mismo de los dos un solo Hombre Nuevo, haciendo la paz, y mediante la cruz amigar con Dios a todos en un solo cuerpo. Y vino y anunció la Buenas Noticia de paz a los que estaban lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.
Así que ya no somos extranjeros ni extraños, sino conciudadanos de los santos, y familiares de Dios.
(Por lo tanto)….
Gálatas 3:28
Ya no hay judío ni árabe, no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos ustedes son uno en Cristo.


Estas palabras de Pablo nos sumergen en profunda reflexión y hace brotar en las mentes sinceras una pregunta ineludible: ¿Por qué después de dos mil años de “derribado el muro” continúan las diferencias entre los pueblos y las personas? Creo que hay una sola respuesta: los cristianos no hemos hecho un buen trabajo.
Sin embargo, hay vestigios de esperanza. Sabemos que la Palabra de Dios no miente y a la larga sus dichos triunfarán. Se vislumbran horizontes de cambios profundos y frescos. Se está pariendo una nueva esperanza en América Latina. Pero para llegar al triunfo no hay que quedarse de brazos cruzados esperando pasivamente la intervención providencial. Cada cristiano debe tomar su herramienta y dirigirse hacia los muros que considere más urgente derribar.
Quisiera resaltar en estas breves palabras tres lugares donde considero que se torna imperante el derrumbe de este muro.

1.- El derrumbe político
Hasta que se inventó el cañón, la forma más frecuente de defender una ciudad era crear un muro para que los invasores no pudieran entrar. Tenemos el ejemplo de la muralla china, de siete mil trescientos kilómetros de largo construida en el siglo III a/C para impedir que los enemigos ingresen al imperio y de ingresar, que no puedan hacerlo con su caballería.
Otro muro emblemático, ahora del siglo pasado, es el muro de Berlín, muro construido para dividir Alemania en dos pensamientos políticos. “Dividir para gobernar” es la plataforma básica que sostiene en pie a cualquier imperialismo.
Este muro fue profundamente criticado por Estados Unidos. Cuando fue derribado, el país del norte lo festejó como un gran triunfo. Paradójicamente, el mismo país que en 1981 festejara la caída del muro de Berlín es el que hoy quiere levantar una medianera para que no pasen los vecinos mexicanos. La ética acomodaticia del imperialismo yanqui los hace ver inmoral el levantamiento de un muro y patriótico el alzamiento de otro. Así es la moral pagana del imperio más sanguinario de la historia mundial.
Hoy en Nuestra América, tenemos sin dudas muros que derribar. Murallas que no responden a claras divisiones culturales geográficas o históricas sino a políticas que levantaron quienes subyugaban a nuestros pueblos en siglos pasados con la ya citada premisa: “dividir para gobernar”.
Por eso San Martín escribe al pueblo Chileno y Peruano llamándolos “compatriotas”. Por eso Cuando van a buscar a Artigas en su exilio paraguayo después de la independencia de Uruguay diciéndole: “ya puede volver a su patria”, el gran Oriental les responde: “yo ya no tengo patria”. La independencia fragmentada de los Estados, es la dependencia conjunta de la Nación Americana.
Este tiempo más que otros es propicio para que tomemos los martillos y comencemos a derribar los muros artificiales que dividen Nuestra América.