07 agosto 2009

7 de agosto: día de San Cayetano

todos los 7 de agosto, en la iglesia de Liniers (Buenos Aires) se agolpan cientos de miles de personas para pedirle al santo trabajo.

Un homenaje a toda esa gente de fe, en la pluma de Teresa Parodi



Tímidamente los hombres

llevando sombrero en mano

se inclinan mordiendo un ruego

llegando al viejo santuario.


Las mujeres y los niños

en corrillos apretados

se persignan y le rezan

su amor a San Cayetano.


La procesión encendida
con sirios y con reclamos

corea un cantico antiguo

corea un antiguo salmo:


San Cayetano te pido

que tenga pan y trabajo

no nos dejes sin tu ayuda

Bendito San Cayetano.


"El que debe responder

no ha de ser San Cayetano

los que deben responder

están mirando a otro lado.


" El pueblo muy bien lo sabe

pero se aferra al milagro

en tierra quieren el premio

de algún cielo anticipado.


El olvido siempre empuja

con pena a los olvidados

buscando amparo en la fe

no conocen otro amparo.


San Cayetano te pido que tenga pan y trabajo

no nos dejes sin tu ayuda Bendito San Cayetano.


"En otra puerta será

en otra puerta el reclamo

el que debe responder

no ha de ser San Cayetano."

03 agosto 2009

DE LA HUMANA CONDICION


Yo y el otro, nosotros
Hildeyardo Ramírez Paredes (*)
Extraído de El Regional de Piura

"Pienso, luego existo" afirmó Descartes. Pensamos en el recinto privado de nuestro devenir intelectual, es cierto, pero como entidades humanas existimos dentro de un contexto temporal, espacial, social y cultural determinado. Nuestras existencias transcurren y se desarrollan no en estado de aislamiento sino en relación y en función de los demás, de los otros. Son los otros los entes de referencia sobre los que se proyectan nuestras vivencias y viceversa.
Existimos en un proceso que es dinámico, interactivo, interdependiente e ineludible: soy yo el que verifica y atestigua la existencia del otro, y es el otro el que confirma y da fe de la mía. Sucede que generalmente solemos, ipso facto, y de manera casi automática, juzgar al "otro" como el enemigo, el malo, el corrupto, el vil, el canalla y bajo ninguna circunstancia, salvo en raras excepciones, nos consideramos nosotros como tales porque no nos concebimos nunca en términos de ser el "otro". El "otro" a cuyo parecer quizá seamos nosotros, justificadamente muchas veces, los viles y canallas.
El error fundamental consiste en que tendemos a subestimar o a no reconocer la importancia de ese elemento vital de nuestra condición humana que es "nuestra otredad". Error fundamental que se ha convertido en la fuente universal de toda índole de prejuicios y es la causa incontrovertible de la mayoría de las trágicas y sangrientas confrontaciones que asolan y agobian al mundo. Lo paradójico del asunto es que el concepto de nuestra "otredad" es sumamente elemental porque está basado en una simple dualidad en la cual, consciente o inconscientemente, queramos o no queramos, todos estamos involucrados porque básicamente significa: ser yo desde mi perspectiva individual, pero a veces ser el "otro" desde la perspectiva ajena, y en tal caso ser a veces el verdugo y a veces la víctima, a veces el opresor y otra el oprimido, algunas veces el héroe y otras el cobarde, algunas inocente y otras culpable.
Yo cuya existencia naturalmente se vislumbra en mi pensamiento o en mi conciencia, pero que se atestigua, realiza y ratifica, de manera concreta y tangible, en relación a la existencia del otro, que eres tú, o que a veces soy yo desde tu perspectiva. Yo y tú, que por puro azar o accidente demográfico sucede que nos denominamos chino o japonés, árabe o judío, ruso o americano, budista o cristiano, negro o blanco, indio o mestizo, pero que muy por encima de toda denominación clasificadora compartimos la misma materia primordial de la que fuimos creados y que constituye la esencia trascendental de nuestra sacra humanidad.
Solamente cuando hayamos adquirido plena conciencia de esa "otredad" como parte esencial de nuestra propia humanidad y comencemos a evaluar nuestras necesidades individuales en términos también de las necesidades del "otro"; cuando modifiquemos nuestra perspectiva de percibir, definir e interpretar el mundo únicamente en términos de un yo absoluto, autocrático, egotista y ególatra; cuando desarrollemos la capacidad intelectual necesaria para proyectar y reflejar nuestra propia humanidad en el "otro"; cuando podamos sentir empatía y sufrir genuinamente con el dolor del "otro, que es "nuestro semejante", y seamos capaces de ponernos en sus zapatos y llevar su carga a cuestas un trecho del camino; cuando comencemos a vivir y a con-vivir en un contexto real de mutua consideración, mutua aceptación, mutua compasión, mutua tolerancia, mutuo respeto, y en mutua colaboración y armonía, solamente entonces, y solo entonces, tendremos posibilidades de sobrevivir juntos los enormes desafíos, adversidades y calamidades que se ciernen amenazantes e inexorables en el horizonte de nuestro devenir humano.

(*) Director del Departamento de Lenguas- St. Stephen´s Episcopal School- Austin, Texas. USA
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