07 julio 2016

LA CRISIS DEL CAPITALISMO Y LA COMPLICIDAD DE LA TEOLOGÍA BURGUESA


Fue el profeta Daniel quien previó que el imperialismo decaería con el correr de los siglos hasta llegar a ser una mezcla de hierro y barro, un imperio que se mantiene por la fuerza del hierro pero que culturalmente se habría degradado desde el oro hasta el simple barro. Ese es el preciso momento que el imperialismo caería para dar lugar a la construcción de un mundo mejor al que la Biblia llama Reino de Dios".
No cabe ninguna duda de que hoy estamos viviendo la crisis más grande que esta última etapa del imperialismo ha sabido conseguir. Una crisis tan sencilla de prever que no se explica porqué no la detuvieron a tiempo.
Por supuesto, es obvio suponer que la crisis la gestaron los que más tienen con su ambición desmedida pero que no la pagarán ellos sino los pobres de siempre. Por eso los Estados dieron dinero a los bancos pero no a los ahorristas. Pagaron el déficit de las automotrices pero no exigen aumento de sueldo para los empleados.
El actual orden económico creció desmedidamente en manos de unos pocos pero los salarios siguieron tan bajos como siempre. El consumo desmedido de los grandes países capitalistas hace tambalear la ecología mundial. Cantidad de africanos muere en el mar tratando de llegar a una España que les pone alambres de púa. Todo eso y un sin fin de cosas mas nos hace ver que la crisis que el capitalismo atraviesa no es de base económica sino profundamente moral.
Tal vez el signo más serio de esta crisis es que desencadena una intolerancia fascista. Cuando el hombre ve con desconfianza al hombre y considera que el culpable de los problemas vividos los tiene "el otro" por ser comunista, negro o judío, estamos pisando el subsuelo de la degradación.
Pero sin duda lo más triste de ver es como la teología burguesa no ofrece ninguna resistencia sino que más bien se hace cómplice por acción u omisión de la inmoralidad capitalista.
No es ningún secreto el hecho de que muchas iglesias evangélicas son hijas de este sistema. Mucho del pensamiento neopentecostal surge de la necesidad del imperio (etapa suprema del capitalismo) de imponer sus ideas. Asi es como por ejemplo se inventó la doctrina de Israel como pueblo de Dios y por ende la defensa incondicional a todos sus crímenes.
Surge así una contradicción enorme entre el ideal histórico del cristianismo y la teología burguesa parida por el imperio. Mientras Jesús proclamó "Bienaventurados los pobres", ellos predican la anestesia del evangelio de la prosperidad. Mientras el Maestro dijo "bienaventurados los pacificadores", ellos consideran una paz escondida en las armas de destrucción masiva.
Esta profunda contradicción los lleva a abandonar los principios básicos para someterse a ideas totalmente opuestas a lo que predican cada domingo.
Las relaciones humanas ya no pueden estar basadas en el amor que enseñó nuestro Señor sino en el valor económico. Las relaciones humanas en el capitalismo se dan por medio de objetos, de fetiches. De allí surge la gran alienación actual, alienación a la que esta iglesia no opone su voz profética sino que muy por el contrario se torna cómplice.
Hace tiempo ya que en el círculo teológico burgués el hombre dejó de ser "imagen de Dios" para pasar a ser la mercadería mas barata del mercado.