15 junio 2011

madres

Hace varios años atrás, cuando mi hijo que hoy tiene 26 años era chico, lo llevaba a la feria del libro. En esa época había que subir las escaleras para llegar al humilde stand de las Madres. Casi siempre estaba Hebe y mi hijo recibía la misma instrucción:


-“andá, dale un fuerte abrazo y un beso a la señora”.

-¿Quién es papá?

-Siempre que veas a las señoras con pañuelo blanco en la cabeza le tenés que dar cariño. Es una forma de devolverle un poco lo que los asesinos le robaron. Estas señoras son como las madres espirituales de todos los argentinos.

Mi hijo corría a besar a los pañuelos blancos.

Ellas sin dudas no se acuerdan de un hecho tan lejano e intrascendente, pero en el alma de mi hijo quedó tan prendido que respeta y admira a aquellos pañuelos blancos.

Hoy, cuando todos los galeones del imperialismo apuntan sus cañones contra nuestras madres, quisiera dejarles en estas humildes palabras mi inquebrantable afecto y mis deseos de un pronto esclarecimiento.

Ninguno está exento de la traición. ¡Si el propio Jesús tuvo un Judas! Pero eso no manchó su obra de amor.

Ninguna traición. Provenga de donde provenga, podrá enturbiar la misión revolucionaria de nuestras madres.

Es cierto que el camino nos ha puesto en ideas un poco diferentes en la actualidad, pero pensemos que aburrido sería un mundo donde existiese un solo color. ¡Por algo Dios creó el arco iris!

Yo se que está demás decirlo pero por favor: Queridas Madres, Che Guevaras con ovarios ¡sigan levantando la bandera blanca de sus pañuelos! ¡Sigan convirtiendo el dolor en lucha! ¡Sigan marcándonos el camino hasta la victoria siempre!


Claudio Cruces