03 abril 2013

CRISTOÍNA



            Dice la homeopatía que no existen enfermedades sino enfermos. Creo que no hay nada más cierto que esto. He visto muchos dependientes de las drogas que tienen no sólo síntomas físicos sino, como todos sabemos sociales: falta de deseos, ostracismo, muchos abandonan el trabajo y se dedican exclusivamente al vicio. Piensan en droga, todo lo que hacen es para y por la droga.
            Pero más allá de la dependencia química, existe una dependencia espiritual. Parafraseando a la homeopatía: no existen adicciones sino adictos. He visto una droga que no genera dependencia química, sin embargo produce los mismos síntomas: el fanatismo religioso. Aquel que se droga con cristoína tiene muchos parecidos al adicto de otras drogas. Conozco cristianos que perdieron todo deseo de estar en este mundo de maldad. Perdieron todo deseo de mejorar o progresar porque este mundo es del diablo. No quieren trabajar porque les quita tiempo para el Señor y el único deseo que los acoge es el de estar todo el tiempo en la iglesia saltando, bailando y entrando en trances divinos.
            Fromm decía que el fanatismo es lo más cercano a la esquizofrenia que había visto. El fanatismo fundamentalista es una droga poderosa que lleva a la locura. El fundamentalismo es un alucinógeno que te hace ver distorsionado pensando que el diablo está en todos los que no piensan igual (o sea todos) y te hace ver al diablo en la cultura y costumbres arraigadas desde tu infancia. Sólo “la iglesia” (la de él, no otra) es de Dios… y no siempre.
            Esa gente necesita conversión, necesita encontrar al Dios de amor que está presente en todo tiempo y lugar de este mundo, en toda cultura y práctica social, sólo hace falta verlo con ojos desintoxicados. Hay que predicarles el evangelio, el Dios de amor y libertad.
            Que el Señor que es Amor los ayude a salir de esta adicción alucinógena que se llama cristoína.