20 junio 2007

BREVE INTRODUCCIÓN PARA LEER A ROMANOS


Al juzgar por los templos y edificaciones, la Roma imperial de los siglos I y II fue rica y próspera. La ciudad capital, era cede de toda decisión política y económica.
El bienestar económico que disfrutó, sobre todo en épocas de Augusto (63ª/c. 14 d/c) propició el gusto por el lujo: [1] vajillas de oro o plata, la cerámica fina, son muestras de la prosperidad económica que gozaba Roma.
Pablo escribe a los cristianos de una Roma que aunque no conoce está deseoso de conocer. Más sabe, sin lugar a dudas, que aquellos cristianos a los que le escribe no forman parte de aquella prosperidad mencionada.
Cuando escribe a los cristianos de Roma, escribe a los marginados del sistema. A los que construyen la prosperidad de otros y no la pueden gozar.

LA LEY

En cuanto a la ley, tema recurrente en Pablo, estamos hablando de un período al que se lo denominó “clásico” de la jurisprudencia romana (130 a.C. - el 230 d.C). Época prospera para las leyes. El ciudadano romano tenía garantizado derechos públicos y privados que lo llevaban a vivir en paz y bonanza. En el orden privado, el ciudadano romano tenía derecho a contraer matrimonio, a poseer bienes y comercializar y a hacer o ser beneficiario de un testamento. En el orden público, los derechos básicos eran: el derecho al voto en asamblea, a ser elegido para cargos públicos, derecho a apelar a la asamblea del pueblo contra la sentencia de un magistrado.
Pero Pablo, veía más allá de la aparente bondad de la ley; veía a los que no gozaban de estos derechos: los niños, las mujeres, los extranjeros.
Podemos decir que los únicos que tienen acceso a la plenitud de la ley, son los ciudadanos romanos libres que no están sujetos a ninguna autoridad familiar. En otras palabras, sólo están bajo la protección de la ley los hombres padres de familia.
La ley, pues, protegía al poder. Por eso Pablo escribe, a los que están bajo las leyes opresoras romanas, leyes que defienden injustamente a unos pocos privilegiados y les dice que : no están bajo la ley sino bajo la gracia… Esclavos, mujeres, niños, extranjeros… son libres de la opresión de la ley para vivir en la libertad de la gracia.

[1] Espasa, Historia del Arte pg. 252)