25 septiembre 2008

mejor te lo chamuyo en lunfa

Mejor chamuyar en lunfa
¡Este hombre si que sabe! ¡Fijate que cuando habla no se le entiende nada!
Parece gracioso pero es un dilema de los que quieren hacerse los que saben: siempre usan palabras difíciles para impresionar. Es cierto que toda profesión tiene sus tecnicismos, pero ¿de qué sirven si no nos hacemos entender?
En primer lugar deberíamos saber que las palabras son para comunicarse. Por lo tanto si no nos entienden por más lindo que hablemos habremos fracasado en nuestro intento de comunicación.
La teología por ejemplo, necesita la comunicación como el agua. Sin embargo los teólogos se empecinan en embarrarle la cancha con palabras difíciles que no representan nada nuevo. ¿En que se diferencia referirse a la imagen de Dios diciendo imago dei? ¿Qué agrega? ¿Qué más nos dice esta frase que no podemos usarla en el lenguaje materno? ¿Y porqué decir Sitz im lebem cuando tenemos la criolla "ponerse en los zapatos del otro? Aceptémoslo: sólo la usamos porque nos da mas prestigio. Algo que don Arturo Jauretche llamaría en su sabiduría de estaño: tilinguería.
Hay teólogos que gastan su vida hablando de la opción por los pobres, sin embargo en su verborragia elocuente el pobre no lo entiende. No sabe de qué habla y por eso sus palabras tienen la triste desgracia de llevar un vientre infértil.
La esterilidad es el destino de todo lo que no es popular. Si queremos realmente triunfar en las bases sociales tenemos que dejar el sitz im lebem y meternos en los zapatos del pobre. O mejor, andar en patas con el descalzo. Salir de atrás del escritorio para caminar las villas. ¿Cuántos teólogos con opción por los pobres caminaron las villas?. Deberíamos tener un idioma comprensible y no solamente en el lenguaje: en hechos y acciones también.
Tener la sencillez de nuestro Señor que hablaba de ovejitas y lo entendían los niños. ¿No es el hombre al que queremos imitar? Pues pongamos manos a la obra: Pedro, un analfabeto lo entendió. Lo entendían los pescadores, las prostitutas y una multitud de pobres hambrientos. Porque hablaba Koiné, el idioma del pueblo.
Es hora de dejar los escritorios y acodarse más en los estaños. Buscar el lunfardo. Gastar más zapatos y menos traseros de pantalones.
Allí está el secreto de que nuestra teología no porte con el estigma trágico de la esterilidad.
Claudio Cruces
Teólogo renegau