05 diciembre 2010

piedra sola

En la montaña toda fuerza definida se convierte en ejemplo.


A la vera del camino hay una piedra enorme, mostrando a los vientos la grandeza de su soledad.

Quién sabe qué tempestades desataron los genios de la montaña para arrancar ese pedazo de cumbre y hacerlo rodar hasta el valle.

Y esa piedra conserva en el llano la misma solemnidad de cuando era cumbre, de cuando ofrecía su atalaya de granito a los cóndores.

PIEDRA SOLA supo de cielos claros, de soles ardientes y de lunas vagabundas, de nieves implacables, de vientos libres, de alas potentes y de vertientes misteriorsas.

PIEDRA SOLA no cayó para ser olvidada. Tal véz comenzara ahí, en el valle, su verdadera misión, su verdadero destino, a la par de los cardones, protegiendo a los arrieros con su sombra.

Para el viajero que pase y la mire con ojos de turista, PIEDRA SOLA es un peñasco enorme, parado junto al camino, y que no tiene ninguna significación.

No servirán los ojos para mirar hacia arriba y descubrir el hueco dejado en la cumbre desde donde rodara la noche del huracán.

No alcanzarán los ojos a ver las cenizas junto a la piedra, donde tantos viajeros de la vida levantaron sus fuegos para protegerse del frío.

No alcanzarán los ojos a penetrar la grandeza del peñasco, que en el valle no es una piedra más, sino la PIEDRA SOLA, que es fuerza, definición, ejemplo y símbolo.

Más que una derrota, su posición es un triunfo.

Hay que crecer en la Verdad de todas las cosas de la naturaleza. Las piedras cuando son de un solo bloque tienen un alma grande. En esa alma, la montaña guarda todo su secreto, todo su silencio, toda su fuerza…

PIEDRA SOLA es el símbolo de una vida.

Es la fuerza de un espíritu que se ha mantenido firme a través de todas las angustias.

Hay seres contra quiénes la vida desata de pronto un vendaval de sombras y abismos, y los derrumba sin cauce ni ritmo, dejándolos ahí, junto a un camino cualquiera, como una PIEDRA SOLA…

Pero no son cosa muerta en el paisaje. El dolor, cuando se lo sabe sufrir con dignidad, crea fuerzas que agigantan el espíritu y aclaran el horizonte. Hay seres que pueden mostrar su entereza y dar, en la cumbre o en el llano, el ejemplo de un valor puro, de una emoción pura.

Muchos destinos que parecen llamados a darse a la vida en un gran continente, terminan realizándose de verdad en un terreno humilde y claro, en un espacio pequeño, pero lo suficientemente apto para que se cumpla la misión de vivir con el pensamiento y con el corazón.

Es la Verdad que se va realizando en el silencio de una pena bien guardada.

Es el símbolo de un espíritu que ha llegado a la serenidad por los caminos del dolor.

Don Ata