05 diciembre 2006

Harán mercadería de vosotros
2ª Pedro 2:1-3


“Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre ustedes falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. 2 Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado. Y por avaricia harán mercadería de ustedes con palabras fingidas. Sobre los tales ya hace mucho tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme”

Tengo un amigo en el campo que acaba de cumplir 78 años. Todas las mañanas se levanta a las 4 de la mañana y se va en su bicicleta a atender 300 vacas. Las suelta para el pastoreo, les da ración, se fija si están enfermas y si tienen alguna necesidad. A la tarde las encierra y así a diario. El gana menos que el valor de una vaca... Pedro dijo, “Harán mercadería de ustedes”; lo que no dijo es que el hombre es la mercadería más barata.

Pero empecemos por el principio y definamos qué es mercadería. Según el diccionario de economía política mercadería es “producto del trabajo destinado a satisfacer alguna necesidad del hombre y que se elabora para la venta, no para el propio consumo”
[i] Toda mercancía posee dos propiedades, tiene un doble carácter: Valor de consumo y valor de cambio, o dicho en criollo: valor y precio, al primero lo determina la necesidad al segundo el capricho.

Así el dios del capitalismo se llama dinero. El dinero fija el precio de la mercadería aunque esta no tenga valor, toda mercadería, dijimos, es más cara (no más valiosa, por supuesto) que quien la produce.

Es así como la ministra de la suprema corte de justicia, Carmen Argibay, cuenta en un reportaje que en nuestra legislación vigente: “tiene más pena los delitos cometidos contra la propiedad que contra la vida”
[ii]

He aquí la gran trampa del capitalismo. En la Edad Media, lo vinculante entre todos los hombres era la religión. Mal o bien, Dios era el nexo vinculante entre los hombres. Después de la revolución burguesa, cuando el hombre creyó independizarse de Dios, supuso que la nueva sociedad que estaba naciendo tenía como vínculo al propio hombre. Hoy sabemos que no es así. El capitalismo es profundamente individualista, no le interesa el otro sino sólo como mercancía.

Hay un sólo factor vinculante en el capitalismo actual: no es Dios, tampoco el hombre, es la mercancía. Botón de prueba es el ALCA, un tratado de libre comercio que busca imponer EEUU a toda Nuestra América. Ese tratado propone que la mercadería pueda transitar libremente y sin restricción de ninguna índole todas las naciones americanas. Al mismo tiempo pretende hacer un muro desde el Pacífico hasta el Atlántico para que no ingrese ningún latinoamericano.

La mercadería puede pasar. El hombre no... sólo cuando necesitan mano de obra barata o indeseable. Sólo cuando el hombre es mercancía barata...

“Harán mercadería de vosotros” es una profecía que se cumple en el imperialismo capitalista, el más grande engaño satánico de todos los tiempos.




[i] Diccionario de Economía Política de Borísov, Zhamin y Makárova
[ii] página 12. Domingo 30 de Julio de 2006 pag. 2
"NAVIDAD Y LA UTOPIA DE JESÚS "

HÉCTOR CAMPOS (Héctor es el “Teólogo Taxista de Capital. Fue alumno de teología de la liberación en el Hotel Bauen y en Mate Amargo)

Se acerca la Nochebuena y la Navidad y sin duda muchos de nosotros nos reuniremos en torno a la mesa familiar con nuestros seres queridos: familiares, amigos, compañeros, etc. Levantaremos las copas y brindaremos que hace 2005 años nació Jesús, en Belén.
Pero también es preciso que rescatemos el Jesús histórico, del Jesús que pretendieron y pretenden mostrarnos distintas religiones para apoderarse de su proyecto y ponerlo al servicio de la dominación.
El proyecto de Jesús es el de una sociedad antimonárquica, antijerárquica, igualitaria, comunitaria, un proyecto verdaderamente revolucionario. El proyecto del reino de Dios implica el rechazo de toda economía de acumulación individual. Este proyecto conoce 2 clases de enemigos: el interno y el externo.
El interno está formado por grupos que comienzan con un determinado proceso de acumulación y genera desigualdad. El externo son los diversos imperios que se suceden en la media luna de las tierras fértiles que va desde la Mesopotamia al este, de Egipto al oeste, por allí pasan los imperios egipcios, babilonios, persas, romanos, que se constituirán en enemigos del proyecto del reino de dios.
Dominación externa de los imperios por una parte y dominación interna de las clases sociales por otra son circunstancias fundamentales, en las cuales Jesús anuncia el reino de Dios como propuesta, proyecto y utopía liberadora.
Los Bienes deben ser compartidos. Las dos multiplicaciones de los panes narrados por el Evangelio de Marcos significan que compartiendo el pan éste alcanza para todos, que pueden comer hasta saciarse y aún sobra.
Por otra parte, el proyecto del reino implica un cambio profundo en la concepción y en la práctica del poder político.
De poder de dominación y opresión debe transformarse en poder de servicio. Las verdaderas tentaciones de Jesús fueron las tentaciones del poder de dominación que él tuvo que vencer. De su movimiento participan hombres y mujeres de los sectores dominados, lo prepara en Galilea y luego va a Jerusalén, para enfrentar a los poderes opresores hegemónicos. Allí se produce su muerte, un verdadero asesinato político cometido por el imperio romano, cuyo dominio en la región se veía amenazado por la prédica y la práctica propuesta por Jesús.
El mensaje dé Jesús de Nazaret nos dice que la utopía que surge del corazón de los pobres, de los que no tienen poder, del "grano de mostaza" ha de triunfar sobre todo poder opresor, que el poder como servicio triunfará sobre el poder como dominación. Es importante recuperar la gran utopía del reino de Dios, que ha de confluir con otras utopías, provenientes de religiones indígenas, del anarquismo, del marxismo, del judaísmo, del mahometismo, del humanismo, del ecologismo y de movimientos culturales. Todas estas utopías impulsarán la gran utopía que como fermento alimentará el proyecto de una sociedad en la que podamos vivir como hermanos.