28 junio 2016

el cristiano y la política

por 
Juan Ramón Junqueras Vitas
El compromiso individual del cristiano con el ámbito de la política me parece no sólo deseable, sino imprescindible. No, evidentemente, para perpetuar soluciones deshumanizadoras, sino para proponer alternativas basadas en los principios humanizantes del Reinado de Dios. El cristiano es sal en la tierra, luz en el mundo, levadura en la masa y, que yo sepa, el ámbito político sigue estando en la tierra, en el mundo, y en la masa social. No seré yo quien diga a nadie a quién votar, o con qué partido político colaborar. Pero sí puedo decir, sin temor a equivocarme, qué hizo Jesús de Nazaret cuando estuvo aquí:
El profeta galileo se colocó al lado del pobre, del obrero, del perseguido por los fundamentalistas religiosos, de los marginados por razón de sexo, de los hambrientos, de los presos, de los inmigrantes, de las mujeres, de los niños —que eran el más bajo escalafón social—. Se enfrentó al poder establecido cuando éste conculcaba derechos fundamentales de las personas. Se opuso a la pena de muerte. Se declaró a favor de la reinserción social de los delincuentes. Pactó con nacionalistas y los integró en su proyecto, así como con terroristas, con quienes hizo lo mismo. Dialogó con el Imperio, pero no se dejó engañar por sus cantos de sirena. Y, sobre todo, situó la solución a los problemas de este mundo en una ámbito absolutamente suprapolítico. Su Reinado, su voluntad de reinar, no era de este mundo, aunque sí para este mundo.
El cristiano no puede abstraerse de las contingencias de la sociedad en la que vive. Las decisiones políticas nos afectan, vivimos en este mundo y somos ciudadanos de nuestra comunidad. Además, afectan también a los más débiles y marginados, a quienes somos llamados a proteger. Una cosa es poner todas nuestras esperanzas en la política, y otra muy distinta olvidar nuestra responsabilidad como ciudadanos, cristianos además, por lo que con doble responsabilidad. Creo que en este asunto se han malinterpretado dos mensajes de las Escrituras:
1. En primer lugar, cuando el apóstol Pablo exhorta a los cristianos a obedecer a las autoridades superiores, se refiere a que las admitamos en tanto que son superiores en lo secular, y en absoluto porque determinado régimen político tenga la aprobación de Dios.
2. En segundo lugar, cuando Pablo explica que "no somos de este mundo", lo dice para que no pongamos nuestras esperanzas en él (pues se acabará...), pero no creo que lo dijese para que nos mantengamos indolentes, cruzados de brazos, mientras vemos cómo el mundo se autodestruye.
El compromiso cristiano ha de llegar también hasta el ámbito de la política. No para dominarla —el Reinado no es de este mundo— sino para orientarla —el Reinado sí es para este mundo—. Sin centrar nuestra esperanza en el mundo de la soluciones humanas, sino humanizando al mundo con las soluciones de Dios.