01 marzo 2010

hagamos eternos los laureles

Hoy llevé a mi hijo al jardín.
Yo no se porqué año tras año me siguen conmoviendo las estrofas del Himno Nacional.
Yo se que cuando canto estoy mintiendo. Se que el grito sagrado fue pisoteado y mancillado una y otra vez en nuestra patria. Se muy bien que las rotas cadenas fueron reemplazadas eslabón por eslabón hasta hacer una cadena más fuerte y vigorosa que antes. Se, lo veo todos los días que se ha destronado (si es que alguna vez ocupó su trono) a la noble igualdad.
Pero me sigue conmoviendo, me pone la piel de gallinas.
Nadie brinda por el pueblo argentino, nadie jura morir con honra, muy pocos viven con ella...
Tal vez deberíamos cambiar no la letra sino la conjugación de los verbos. Ponerlos en futuro, o mejor en imperativo. Que no sean los laureles un logro de San Martín y Belgrano. Que los laureles no sean eternos. ¡Si todos sabemos que están secos! Que los laureles que supieron conseguir se renueven cada día con el obrar de cada argentino. Que las cadenas las rompamos nosotros no ya del vil invasor sino del opresor interno y del cipayo.
La noble igualdad no es algo que pusieron en su trono los hombres de Mayo o los luchadores de la independencia y ya está. A la noble igualdad la tenemos que poner en su trono vos y yo cada día aunque el diario La Nación nos trate de comunistas o retrógrados.
Si actuamos así, tengo la esperanza de que algún día verdaderamente "se conmueva del Inca la tumba" para comenzar de nuevo a ser un país.
Espero que a vos, querido lector, no te de vergüenza como a muchos cantar el Himno Nacional sino esperanza y espíritu de lucha.