24 septiembre 2009

más humor

dos y tres...

Club Social y de Fomento

Es difícil encontrar una historia de alcohólicos en el club. No es que no haya, es que somos todos.
El asunto que ese domingo llega bastante herido el hombre de nuestra historia.
¿Qué hacei hermano? Te extrañamos ayer ¿Dónde anduviste?
Por los pagos de Luján, fui a rezarle a la virgencita.
Y ¿no me digás que te agarraron las gitanas?
¡A no!, son maravillosas. Una me leyó las manos y todo
Ajá, ¿y que te dijo si se puede saber?
Me dijo que tengo que cambiar mi vida, que si sigo así algún día voy a ser cornudo.
Mire mi amigo, yo le via dar un consejo
Diga nomás
Cambie de gitana porque esa atrasa

Club Social y de Fomento 2

La Calabria es un barrio enclavado en el medio de una gran ciudad y que, no sin esfuerzo, se resiste a dejar de ser pueblo. Conserva mucho de las costumbres de pueblo, donde se saca la silla a la vereda. Las vecinas barren la vereda mientras chusmean sobre las vecinas que no barren la vereda. Muchos vecinos son descendientes de los calabreses fundadores y la gran mayoría se conoce y aprecia.
Entre las costumbres que se resisten al paso del tiempo está la sociedad de fomento donde se juega al truco, al tute y más deportes.

Julito, estaba esa noche jugando un truco de seis cuando Mosquito, simple espectador se le dormía en el hombro:
salí
El otro, remamadaso, se volvía a dormir y apoyar la cabeza en el hombre.
A la segunda o tercera oportunidad fue que mandinga le habló al oído a Julio y este aceptó el convite. Hizo apagar la luz y avisó a todos que sigan jugando como si nada ocurriera.
Siguieron haciendo que jugaban en la oscuridad de la medianoche y Julio lo despierta:
Salí mosquito, otra vez te volviste a dormir.
Julito
Callate que en esta mano gano
Julito
Embido,
Quiero 28
30 son mejores
julito
truco a ese tres
quiero retruco
julito
quiero vale cuatro
julitoooooooooooo me quedé ciegooooooooooo

21 septiembre 2009

un poco de humor

Historias de mamados 1
Centro Tradicionalista

Era un nueve de julio, cumpleaños de la patria (en aquellos días se celebraba el cumpleaños de la patria el 9 de julio, no como ahora que se prepara el bicentenario para el 25 de mayo). El centro tradicionalista estaba colmado de gente vestida a la usanza criolla: ponchos, boinas, alpargatas y trenzas.
La fiesta era completa: música, jineteada, sortijas, tabas, baile y por supuesto ¡pulpería!
El hombre en cuestión era algo raro, al menos desentonaba. Entró de traje azul, corbata y un maletín en la mano. Tal vez venía de un compromiso laboral. La cosa que en cuanto entró encaró para la pulpería, pidió un agua ardiente y se acodó. Después vino otra, otra y vaya a saber usted cuantas otras.
El asunto que el cansancio, el calor y la ginebra no son buenos amigos y cuando el hombre quiso sacar el codo del mostrador se dio cuenta que había tomado bastante mas de la cuenta.
Tal vez no estaba acostumbrado. Quiso fingir sobriedad y el gaucho trajeado dio un paso, dos, tambaleó. Se tropezó con sus propios pies y... ¡Zas! De jeta al piso.
Los cuatro médicos de impecable blanco tuvieron que abrirse paso entre la paisanada curiosa, las chinas preocupadas y algún gaucho que se reía sabiéndolo "mamado". Pusieron la camilla, lo alzaron, no le hicieron respiración boca a boca para no embriagarse y cuando ya estaban a punto de levantarlo para subirlo a la ambulancia el borracho despertó.
Entre que estaba "remamadaso" y que vio los cuatro médicos de puntilloso blanco rodeándolo, la mente le jugó una mala pasada y preocupado el hombre preguntó: "¿ya me morí?