27 julio 2006

Te nombro, luego existo
En el idioma de la cultura Wichí (una de las etnias que habitan el Gran Chaco argentino, existe una hermosa particularidad: la primera persona del singular tiene incluida la segunda y la tercera. Si alguien quiere decir Yo (NLHAM) se ve obligado a decir Tú (AM ) y El (LHAM).En otras palabras, si para hablar de mí tengo que mencionarte a vos y a él, sólo me nombro cuando te menciono. O dicho en buen romance: para existir yo, te necesito a vos, los necesito a ustedes.Sin duda que la sabiduría Wichí, es una cultura superadora de estos torpes individualismos que venera nuestra cultura. Esta cultura que los ignorantes se han atrevido a llamar peyorativamente pagana, a la que le enviamos misioneros, maestros y médicos, para redimirlos de su ignorancia salvaje, tiene mucho que enseñarle a la grotesca civilización occidental y cristiana que supone que cada sujeto nace, vive y muere en sí mismo sin necesitar del prójimo. Una cultura que para “ser santos” hay que alejarse lo más posible del mundo o recluirse en un convento sin relacionarse con nada ni con nadie. Nos hemos acostumbrado a vivir en una sociedad donde para triunfar tenemos que ascender sobre peldaños construidos con los huesos de quienes no llegaron. De esa forma el prójimo se convierte inmediatamente en el mejor de los casos en competidor y en el peor, en enemigo mortal que debe ser eliminado de inmediato.Un simple aunque triste ejemplo: Argentina posee en la actualidad más de 50 millones de cabezas del mejor rebaño vacuno, sin contar lanar y caprino; y produjo este año 60 millones de toneladas de granos. ¿Porqué entonces mueren tantos chicos de hambre? ¿Porqué hay desnutrición, pobreza, miseria? Son preguntas que por obvias, no necesitan respuesta. No hace falta ser sabios para descubrir cómo el capitalismo deshumaniza, abre una brecha insalvable entre “ser – humano” y pertenecer a la raza humana. Claro que cuando decimos capitalismo no estamos hablando sólo de un modelo económico sino de una forma de ver al mundo, de concebir al hombre, de pensarse a sí mismo.La realidad es que el hombre es hombre sólo en sociedad, de eso nos habla el ejemplo Wichí, donde el hombre no se concibe como “un Ser», sino como una pluralidad que se va haciendo con los demás, un misterioso juego de reflejos donde uno mismo es todo “otro”, un Yo social. De esta forma, somos comunidad solamente cuando tenemos una unidad en común por lo tanto existimos y nos realizamos como seres humanos pura y exclusivamente en el marco de la solidaridad. Así lo expresa el filósofo Martin Buber: “la vida verdadera es aquella que se produce en el encuentro de los sujetos”. Algo así hablaba también el poeta español Antonio Machado en sus famosos cantares cuando nos dice: con el tú de mi canciónno te aludo compañeroese tú soy yoLa Biblia lo expresa en la creación: Adán sólo pudo ser – humano cuando tuvo con quien compartir su existencia. No nos explayamos más en esto porque hablamos del tema en números anteriores. Dicho en palabras de un profeta contemporáneo:Sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es cierto que la solidaridad no es liberadora en sí misma; pero no hablamos aquí de solidaridad ni mucho menos de asistencialismo. Hablamos de algo que precede a todo cambio: producir una nueva cosmovisión, en la que el Tú está entramado con el Yo en un nosotros, donde la diversidad de culturas y tradiciones juegan un rol determinante en la tarea de parir un hombre nuevo sin etnocentrismos, religiones únicas ni saberes absolutos.
Y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres

El apóstol Pablo, en su carta a los romanos toca el tema de la verdad diciendo que: “la ira de Dios se revela contra los hombres que detienen con injusticia la verdad”. Es una definición interesante porque Pablo no dice que lo que no deja avanzar a la verdad es la mentira. La mentira no “detiene a la verdad”, podrá demorarla, tal vez, pero no la detiene. Si lo opuesto de la verdad, si lo que atrapa y encarcela a la verdad, fuera la mentira, sin duda que la verdad estaría limitada a un debate ideológico, sería una teoría, algo para conversación de café.
Pero Pablo opone a la verdad, no a la mentira sino a la práctica de la injusticia. Por lo tanto, la Biblia define a la verdad no como algo teórico sino como una praxis, la práctica de la justicia. No sólo Pablo, toda la Biblia define a la verdad en vínculo directo con la práctica de la justicia. El escritor de Proverbios, por ejemplo, nos dice que “el que habla verdad declara justicia” (12:17) También el “Cántico del Siervo”, de Isaías 42 nos dice que el mesías “por medio de la verdad traerá justicia” (vs. 3)
También el libro de Isaías nos dice que “la verdad se puso lejos” ¿Porqué? “porque la verdad tropezó en la plaza” (59:14). La plaza era el lugar donde se debatía teóricamente; es allí donde la verdad “teórica” tropieza y se distancia de la justicia.
Volviendo al Nuevo Testamento, Juan nos dice que mentimos, cuando “no practicamos la verdad” (1:6)
Por eso cuando a Jesús le preguntan qué cosa es la verdad, él calla. Porque la verdad no es teórica, no se puede discutir en sobremesa. La verdad es dialéctica porque es práctica: la práctica de la justicia.
Así es que Jesús dice: “yo soy el camino, la verdad y la vida”. Comparar la verdad con la vida y con el camino es definir dialécticamente a la verdad. La vida no es estática, el camino nunca está quieto; la verdad entonces, tampoco está quieta. Es dinámica, se hizo para caminarla.











25 julio 2006

El que no quiere trabajar, que tampoco coma
O “que nadie coma el pan del otro”
(2 tesalonisenses 3:10)

El hombre vive cerca de la “Sociedad Rural Argentina”, durmió con el aire acondicionado porque fue una noche de mucho calor. Se levantó a las 6 de la mañana, porque es un hombre de campo aunque hace casi un año que no visita su estancia. Su sirvienta le sirvió un suculento desayuno que él ni agradeció. Luego, leyó La Nación, el Buenos Aires Herald, la revista El Federal y a todo esto se le hicieron las 11 de la mañana. Se sacó su bata, se puso el disfraz de gaucho (ese vago que sus antepasados persiguieron y él ahora reivindica porque hoy no es más que una metáfora de la antigüedad campera) y salió para el restaurante de la esquina.
Allí, como buen hombre de campo, pidió una ginebra que pagó en dólares, habló con algún que otro colega campesino de su ganado, del precio de la soja, de los impuestos elevados y de la peonada que “hay que tener cortita y no pagarle demasiado para que no se crean igual que uno, che!!!”.
El puestero de su estancia también se levantó ese día a las 6 de la mañana sin poder dormir muy bien por el calor y los mosquitos, tomó unos mates amargos y salió a recorrer el campo, trabajo que hace todos los días con calores de 39 grados en verano, fríos bajo cero en invierno, lluvias, temporales, gripes y otras yerbas.
A veces piensa porqué las vacas son del patrón si el que las crió fue él, porqué la ganancia de la soja le pertenece al que no la sembró ni la cosechó. En fin, esos pensamientos que hacen que el patrón los tenga cortito para que no se crean igual que uno, che!!!”.
Este domingo el patrón va a ir a misa, el cura va a leer al apóstol Pablo: “El que no quiere trabajar que tampoco coma”, y se va a referir a los cartoneros, a los villeros y los que cobran el plan trabajar. Todos vagos. Ninguno quiere trabajar. Entonces ¡Que no coman!.
Sin embargo, ¿Qué hizo el patrón de nuestro cuento hoy? Probablemente menos que el que recibe el subsidio... ¿Acaso dice la Biblia el pobre que no quiera trabajar que no coma?. Claro que no, no se refiere al pobre, sino a cualquiera que pretenda vivir sin trabajar.
En otras palabras, lo que la Biblia dice es un principio de justicia elemental: cada persona debe ser dueña del fruto de su trabajo. El que no quiere trabajar que no disfrute del fruto del trabajo de otro.
Nadie debe trabajar para que otro enriquezca.
Nadie debe trabajar para que otro viva sin trabajar.
El que no quiere trabajar que no disfrute del fruto del trabajo de otro.
Ya Génesis 3:19 nos dice que “con el sudor de tu frente comerás tu pan”. Algunos cristianos encuadran estos versículos dentro de un contexto de maldiciones que Dios le da a la pareja desobediente. ¿Maldición?... maldición es que alguien coma su pan con el sudor de la frente de otro...
Deuteronomio capítulos 23 y 24 da leyes humanitarias que contemplan a los trabajadores, a los pobres y débiles:
Ø Si un esclavo escapaba y se escondía en mi casa yo debía entregarlo. Mi deber era darle asilo, casa y no oprimirlo (23:15,16)
Ø Está prohibido cobrar intereses por prestamos de dinero dado al “hermano” necesitado (v.19)
Ø “cuando estés en la viña de tu prójimo podrás comer si tenés hambre, pero no llevarte” (v. 24) (esto cambia profundamente la idea de robo e incluso de propiedad privada)
Ø hay leyes que favorecen a la mujer con el divorcio y nuevo casamiento (24:1,2)
Ø que protegen a los recién casados prohibiéndole ir a la guerra (v.5)
Ø leyes que protegen a los trabajadores y sus sueldos (14,15)
Ø que protegen el derecho del extranjero, el huérfano y la viuda (17)
En fin, quien diga que la justicia de Dios se aplica sólo a lo ultramundano se está equivocando, y mucho. La justicia bíblica es una justicia concreta construida desde los que menos tienen. La justicia de Dios no tiene los ojos vendados, es una justicia que mira para abajo y opta por los de abajo, “no para excluir, sino para negar la exclusión”[1]
Isaías 65:17 al 25 habla del Reino de Dios en términos de “Nuevo cielo y Nueva tierra” (es interesante que en nuevo sistema no sólo cambiará las relaciones entre los hombres - nueva tierra -, sino también nuestro concepto de Dios –nuevo cielo-) En aquellos nuevos cielos y nueva tierra nos dice que nadie edificará casa para que otro habite en ella ni plantará para que otro coma y todos disfrutarán del fruto de su trabajo (v. 22) No cabe duda de que Pablo escribe las palabras precedentes desde esta conciencia bíblica.
También el libro de Salmos dice poéticamente que cuando comieres el fruto de tu trabajo bienaventurado serás y te irá bien.
En fin, la justicia del Reino es una justicia diferente de la que conocemos, no es una justicia que favorece a unos pocos, no es la justicia que llenó las cárceles de pobres y dejó a los ladrones sueltos, es una justicia con una fuerte opción de clase que niega la exclusión de los desposeídos y los hace partícipes en la construcción de una nueva sociedad sin excluidos a la que llamamos “Reino de Dios”
[1] Elsa Tamez, Contra Toda Condena, DEI pag 150