18 octubre 2006

Antropología teológica

Soy una astilla de tierra que vuelve
Hacia su antigua raíz mineral
[i]

El primer libro de la Biblia, en dos relatos distintos (Gñenesis 2:4b – 25 y Génesis 1:1 - 4:a) nos habla de un hombre creado a imagen y semejanza de Dios. Sin embargo, este hombre se diferencia de su creador precisamente porque fue creado.

El segundo relato nos habla de un hombre creado “como el polvo de la tierra”[ii] (2:7). En este sentido pues, el hombre se diferencia de su creador; el mundo en el que fue creado y del que fue tomado lo define. Es algo paradójico: aquello de lo que Dios prescinde al hombre lo define. El “no ser” de Dios, forma parte del “imago Dei”.

Es que el mundo y el tiempo son conceptos ontológicos. Podemos decir que no existiría hombre sin mundo, tampoco existiría el mundo sin el ser humano. No podemos definir al ser humano fuera del contexto del “polvo” del que fue tomado. Tampoco fuera del tiempo, del que podemos decir lo mismo: “no existe hombre sin tiempo como tampoco existe tiempo sin hombre”. “Mundo” y “tiempo” no son objetos que “desde afuera” ayudan a definir al ser humano, son componentes del ser creado por Dios a su imagen Por tanto debemos concluir que la única forma de arribar a un estudio antropológico serio es viendo al hombre como un ser histórico - contextual.

[i] Jaime Dávaloz, poeta salteño (argentina)
[ii] para ver porqué aquí se dice “como el polvo” y no “desde el polvo” puede consultarse el libro de S. Croatto “FORMO YAHVEH DIOS AL SER HUMANO COMO POLVO, DEL SUELO”. Editorial Lascasiana. Artículo publicado en su página web