24 octubre 2012

CEGLA

los hermanos Cristianos Evangélicos Gay y Lesbianas me enviaron un artículo digno de ser publicado para su consideración. Ahí va:


GUIA BREVE SOBRE HOMOSEXUALIDAD

 

PARTE 1

 

Términos y Definiciones Básicas

 

¿Que es la Orientación Sexual?

Es la atracción emocional, romántica, sexual o afectiva que un individuo experimenta  hacia otra persona.  Cuando esa atracción se inclina hacia personas del mismo sexo, se denomina homosexual.  La orientación sexual no debe confundirse con otros aspectos de la sexualidad humana tales  como el sexo  biológico (varón, mujer)  o  la identidad de género  (la identidad psicológica que la persona tiene con su  sexo biológico masculino o femenino).

 

¿Que factores  determinan la orientación homosexual? 

Estudios  científicos coinciden  en que la orientación homosexual es el resultado de una compleja interacción de factores ambientales, cognitivos y biológicos.  Hoy sabemos que la orientación sexual se establece a partir de una temprana edad.  Existe una creciente evidencia en cuanto a factores innatos genéticos, químicos y hormonales que juegan un papel importante en la sexualidad de las personas.

 

¿Podemos elegir nuestra orientación sexual?

Los seres humanos no pueden elegir su orientación sexual.  La orientación sexual emerge a partir de  la temprana adolescencia sin que haya habido necesariamente ninguna experiencia sexual previa. El joven simplemente descubre cual es el objeto de su atracción emocional, romántica y sexual sin que medie su voluntad de elección.  Algunas personas suelen hablar de la homosexualidad utilizando  expresiones tales  como “opción sexual” o “elección sexual” lo cual  se presta a confusión ya que como dijimos la orientación sexual no es ni una opción ni una elección.   

 

¿La homosexualidad   es una enfermedad o  un problema emocional?.

Tanto psicólogos como numerosas organizaciones  de la  salud mental coinciden en que la homosexualidad no es una enfermedad o  desorden mental ni un problema emocional.  Alrededor de un siglo  de investigación  científica ha demostrado  que la homosexualidad no esta asociada con ninguna clase de desorden mental, emocional ni  problema social.

 

En el año 1973 la Asociación Psiquiátrica Americana (APA) retiró la homosexualidad de su lista oficial de desórdenes mentales y emocionales.  Posteriormente  le siguieron otras organizaciones científicas médicas como la Asociación de Psicólogos Americanos y la  Organización Mundial de la Salud.

 
 

¿Se puede cambiar la Orientación Sexual?  

Aunque la mayoría de las personas homosexuales están contentas con su  sexualidad, algunos pueden querer cambiar su orientación sexual  como resultado  de las presiones sociales, familiares o religiosas a las que están expuestos en su diario vivir.  Sin embargo como  la  orientación sexual no es una enfermedad tampoco requiere tratamiento ni   puede ser modificada por más empeño que se ponga.

 

¿Y qué de las denominadas  terapias religiosas  “de conversión”[1] que prometen a gays y lesbianas  dejar de ser homosexuales?.

Si bien se escuchan algunos testimonios de personas que supuestamente han sido “cambiadas”, un estudio pormenorizado de cada uno de  esos casos  pone en  duda   la validez de los mismos.  Prácticamente todos provienen de organizaciones que sustentan una perspectiva ideológica que condena la homosexualidad  y sus reclamos son pobremente documentados sin seguimientos de los resultados  y sin utilizar métodos de validación científica.  Se trata de personas que por un tiempo han logrado reprimir sus sentimientos homosexuales adoptando  la  conducta exterior  de una  persona heterosexual. Sin embargo la realidad pone de manifiesto  que la atracción emocional  y sexual  de estas personas permanece inalterada.

 

La APA está muy preocupada por tales terapias, particularmente por el daño potencial que producen en los pacientes, pues aquellos/as que se acercan en busca de ayuda para cambiar, terminan frustrados y desesperanzados y sin animarse a confesarlo a sus terapeutas que suelen culpar al paciente por una supuesta falta de fe y empeño en cambiar.

 

 

¿Es cierto que las personas homosexuales son promiscuas?

La promiscuidad  tiene que ver con ciertos  aspectos de la conducta humana  pero no  tiene relación directa   con la orientación sexual. Muchos  homosexuales que se sienten obligados a ocultar su sexualidad suelen terminar llevando estilos de  vida que   fomentan  conductas promiscuas y autodestructivas. Es cierto además  que  ningún grupo marginado, estigmatizado y menospreciado raramente puede sostener un elevado nivel de conducta moral. Sin embardo la experiencia nos muestra que existen numerosas personas homosexuales que llevan vidas muy sanas, muchas de ellas formando   parejas estables, duraderas  y comprometidas.   

 
 

PARTE 2

 

La Biblia Frente a la homosexualidad

 

¿Realmente la Biblia condena la homosexualidad?

 

Las escrituras no pueden condenar algo que desconocen.  Los  conceptos de homosexualidad y de orientación sexual surgieron hace apenas  un siglo y   su apropiada comprensión ha llevado bastante tiempo.

Lo que la Biblia desaprueba son ciertas “conductas” sexuales entre varones características de la época en que los textos  fueron escritos, las cuales tienen como denominador común actos de abuso, violencia, explotación, comercio sexual   y  opresión a menudo mezclados con la idolatría.

Aun así éste no es un  tema de mayor  interés para las Escrituras: solamente encontramos dos versículos  en el libro de Levítico y  tres en el Nuevo Testamento y en ningún caso se lo  aborda o se lo explica en forma exhautiva como tópico de discusión.

 

 

¿Que es entonces  lo que  se condena en Levítico 18:22 y 20:13?

 

Estos versículos son  los únicos mandamientos de todo el Antiguo Testamento que desaprueban conductas sexuales entre varones libres israelitas.  Muchos estudiosos coinciden en afirmar que sólo contemplan la penetración sexual de un varón hacia otro que con frecuencia se daba en  contextos de cultos idolátricos paganos sin incluir  otras expresiones de erotismo ni   de amor homosexual.   No es extraño que ambos textos hablen de acostarse con un varón “como con una mujer” pues lo  inaceptable para las antiguas estructuras patriarcales era la feminización del varón que según los dictámenes de la cultura  se rebajaba a “actuar”  como una  mujer  cuya jerarquía social era inferior a la del varón.  Para ellos eso era denigrante, humillante  y obviamente reprensible.  Estos actos sexuales formaban  parte de una larga  lista de  prescripciones que prohibían  costumbres  que la Ley de Moisés consideraba  impuras” y “abominables”, tales como comer ciertos alimentos o tocar a la mujer que está en período de menstruación[2].  Desde un comienzo los cristianos  rechazaron las prescripciones de la Ley del Levítico junto con sus correspondientes reglas de pureza e impureza[3].  Por lo tanto no corresponde  que los cristianos se rijan por los preceptos de la Ley Hebrea.

 

¿Porqué entonces  destruyó  Dios las ciudades de Sodoma y Gomorra?

 

En ninguna parte de la Biblia se dice que Dios tan cruelmente castigó a estas ciudades por causa de la  homosexualidad de sus habitantes.  Cada vez que las Escrituras hablan del tema jamás mencionan razones     relacionadas con el sexo sino razones que  tienen que ver con la codicia, la gula, el ocio, la injusticia y la inhospitalidad de ese pueblo[4].  La interpretación homofóbica del relato de Sodoma nació con el cristianismo posterior a los apóstoles  y   se fue consolidando a partir del siglo V con la obra de San Juan Crisótomo que hizo de las relaciones  entre personas del mismo sexo el  único pecado de Sodoma.

Los varones de Sodoma  manifestaron su  falta de hospitalidad y rechazo    a la presencia de los visitantes recibidos por  Lot de  manera violenta humillando  su masculinidad, una costumbre común en las guerras y otros contextos hostiles de la antigüedad.  Es decir,  el punto de la historia no es el amor entre personas del mismo sexo sino el abuso en su peor y más aberrante  expresión.

 

¿Y que respecto de los  pasajes del Antiguo Testamento que dicen que no habrá rameras ni sodomitas en Israel?  (en referencia a Deuteronomio 23.17, 1 Reyes 14:24, 15:12,  22:46 y 2 Reyes 23:7).

Estos pasajes hacen referencia a los  prostitutos y prostitutas que ejercían su actividad en los sitios de culto paganos conocidos como “Lugares Altos”. Para traer mayor claridad bastará  tan sólo consultar algunas  versiones bíblicas fidedignas[5]. Los traductores de la versión  Reina Valera han cometido un grave error al colocar  allí  el  término sodomita   que    no sólo está ausente en los manuscritos más antiguos sino que recién fue acuñado  por primera vez como sinónimo de varón que mantiene relaciones homosexuales  en los tiempos de la Edad Media. 

 

Yendo al Nuevo Testamento, ¿Cómo se explica Romanos 1:26-27?

 

Para comenzar es fundamental la lectura de estos  versículos  en el contexto de los dos primeros capítulos de la carta a los Romanos -si no de la epístola entera. En concreto, las conductas  sexuales a las que  Pablo se estaría refiriendo en el capítulo 1 son el abuso sexual de los ciudadanos libres sobre los esclavos y esclavas, la prostitución, la  idolatría  y la pederastia, todas ellas costumbres  características del mundo grecorromano de su época.  Romanos 1:26 y 27 no habla de deseos “desorientados” sino de deseos “desmesurados” descriptos con palabras tales como lujuria, codicia, pasiones, lascivia y deshonra social[6].  La referencia a la “naturaleza” no responde a la concepción  estoica de ese  término sino al  mismo sentido  que Pablo emplea en otros pasajes como en 1 Corintios 11.14  donde  naturaleza se refiere a la  costumbre asociada  con las convenciones sociales de género que deberían ser respetadas. En tanto, cuando el apóstol habla de varones que abandonaron el uso de la mujer no parece estar hablando de aquellos varones que hoy   llamamos homosexuales ya que éstos nunca habrían tenido sexo con mujeres.

 

¿Y que decimos respecto de 1Corintios 6:9 y 1 Timoteo 1:10?

 

En estos dos textos Pablo menciona conductas de tal gravedad que quienes incurren en ellas quedarían excluidos de la familia de la fe.  En principio parece extraño e injusto que estas pudieran referirse a varones buenos   y amorosos  por el solo hecho de tener una relación afectiva y sexual con alguien de su mismo sexo. 

Las palabras  que el apóstol  utiliza  allí (en griego malakoi y arsenokoitai)  son raras, ambiguas y difíciles de traducir con exactitud. Pero una cosa es cierta: no se refieren a las personas del mismo sexo que establecen entre sí  relaciones de amor y compromiso.

En las últimas décadas estos términos han sido sometidos a un profundo escrutinio buscando hallar su real  significado en la literatura extra-bíblica.  Hoy estamos seguros que hacían referencia a personas inescrupulosas que abusaban  y comerciaban con el sexo.


¿En base a todo esto podemos sacar alguna conclusión?

 
La conclusión sería bastante simple: No existe fundamento bíblico serio para rechazar y condenar las relaciones responsables entre personas adultas del mismo sexo. En varias oportunidades la Biblia  afirma y aún exalta   las  relaciones que se basan en el amor y el mutuo respeto. No existe razón objetiva alguna para suponer  que Dios las desaprueba cuando se trata de personas del mismo sexo.

 
¿Entonces porqué una amplia  mayoría de los cristianos rechaza las relaciones entre personas del mismo sexo sobre la base de que las mismas son condenadas por la Biblia?


La homofobia, es decir el rechazo hacia las conductas homosexuales tiene una larga historia.  Aún aquellas culturas que tuvieron una posición afirmativa o neutra respecto de las relaciones entre personas del mismo sexo (como la griega o la romana, entre otras) experimentaron también formas incipientes de homofobia. 

Las conductas homosexuales –nunca prohibidas- eran solamente  aceptables mientras  fuesen varoniles y  activas. El afeminamiento, ya sea en los modales  o en la forma de presentarse, fue siempre ridiculizado, despreciado  y discriminado.   Mientras que la función del varón era dominar, los antiguos pensaban que  el afeminamiento corrompía esa dominación y ponía en peligro la masculinidad.  Todo esto no fue ajeno al  movimiento cristiano de los primeros siglos.  Pero más aún –y para peor-  en materia sexual este movimiento se nutrió abundantemente de algunas filosofías ajenas a la raíz hebrea tales como  el platonismo y el estoicismo  que sostenían que las únicas relaciones sexuales aceptables eran  aquellas cuya finalidad es la procreación y donde el placer no sólo era visto como inconveniente sino  también como  peligroso.  Y así se fueron sucediendo muchos siglos de oscurantismo cristiano en torno al sexo  y a las relaciones sexuales que fomentaron numerosos prejuicios que perduran  hasta nuestros días,  prejuicios que   se alimentan de la desinformación. 

La ignorancia y los prejuicios produjeron  la idea de que ciertos textos de la Biblia no sólo condenan algunas  conductas heterosexuales sino que además incluyen toda clase de  relaciones entre personas del mismo sexo sin darse  lugar a   un re-examen reflexivo de las Sagradas Escrituras.   Muchos creyentes ni siquiera se lo permiten, pues dan por sentado que lo que lo que se interpreta  sobre esos textos es incuestionable. 

Quienes logran despojarse del peso  de los prejuicios abriéndose al estudio y a la reflexión, pueden  comprobar que el mayor desafío para los cristianos en el día de hoy no consiste en como compatibilizar la homosexualidad con ciertos pasajes de la Biblia que parecieran condenarla sino mas bien en como reconciliar el rechazo, los prejuicios y la crueldad de la iglesia hacia los gays y lesbianas con el amor incondicional de nuestro Señor Jesucristo. Esa es la esencia del Evangelio.




[1] Algunos círculos cristianos evangélicos erróneamente definen la homosexualidad en función de la  “conducta” o “comportamiento” sexual entre personas del mismo sexo y no en base a la orientación sexual.  Tal argumento les resulta útil para predicar que se puede “salir” de la homosexualidad por lo que   dejar de ser homosexual  simplemente consistiría  en dejar de tener relaciones homosexuales.  Eso por supuesto  no significa que  la persona se haya convertido en heterosexual, sino que por el contrario, aquellos que dicen haber “salido” de la homosexualidad tienen que seguir luchando permanentemente contra sus atracciones homosexuales, lo que hace que sus  vidas se tornen  sumamente infelices estando  obligados a “actuar” constantemente como si su orientación fuese heterosexual.
[2] Algunos ejemplos: Lv 11:10-11;19:27;19:19;21:7;24:16;25:44 àResumen:  “No practiquéis ninguna de las conductas abominables que se practicaban antes de vosotros, ni os hagáis impuros con ellas” (18:30 BJ)
[3] Desde un principio como inaplicable debido el cumplimiento de la Ley en Cristo (à Ga 2:15-16; Ga 3:23:26; Ro 7:4-6; Ro 10:4; He 8:13)
[4] Por ejemplo Ez 16:49 y Lc 10:10-13
[5] Por ejemplo la Biblia de Jerusalén (BJ) y la Nueva Versión Internacional (NVI)
[6] De hecho en la antigüedad  se creía que las conductas  homosexuales eran el resultado de un exceso incontrolable  de lujuria y  pasión.