19 agosto 2006

¿Qué es un prejuicio?
Los judíos son todos tacaños. Los comunistas ateos. Los católicos idólatras. Los Gitanos ladrones. Los villeros ladinos. Los piqueteros vagos. Los inmigrantes latinoamericanos nos quitan trabajo... ... Si tuviéramos que mencionar todos los prejuicios que a lo largo de la historia nos invadieron a los argentinos, podríamos decir como Lucas: “no alcanzarían todos los papeles del mundo”. Pero; ¿Qué es un prejuicio? La palabra lo dice: un juicio previo al análisis objetivo. Tiene, sin duda un origen natural: es más fácil para los hombres tratar con estereotipos que con individuos. Es más fácil decir “todos los judíos” que tratar con cada judío como si fuera la primera vez que viera uno. El análisis totalizador (Todos los... son así) aunque tenga rasgos de verdad, no deja de ser prejuicio. Pero también tiene sus principios psicológicos relacionados, sin duda, con las experiencias personales, sociales y políticas como así también causas pedagógicas. a) Causas psicológicas: el narcisista, por ejemplo, (hombre que se rasca para adentro) tiene la necesidad de excluir al diferente como forma de afirmar su ego. b) Causas sociales: los países cuya inmigración es superior a la capacidad de absorción cultural. c) Causas políticas: el prejuicio racial es una actitud social propagada entre la gente por una clase explotadora, a fin de estigmatizar a algún grupo como inferior, de modo que tanto la explotación del grupo como la de sus recursos pueden justificarse (12) d) Causas pedagógicas: relacionadas con la educación y el aprendizaje familiar y del grupo social.
Endogrupos y exogrupos
¿A qué llaman los sociólogos endogrupos? Pues para definirlo sencillamente podríamos decir que a todo grupo humano donde decir nosotros tenga el mismo significado: Nosotros los argentinos Nosotros los evangélicos Nosotros los occidentales Nosotros los hombres... Cuando ese nosotros tiene un significado esencialmente idéntico, estamos en presencia de un endogrupo. Cada individuo tiende a ver en su endogrupo las pautas necesarias para su seguridad y la de sus hijos, que por lógica, pertenecen a su grupo en el cual encuentran los códigos necesarios para satisfacer sus propias necesidades. ¿Es malo tener un grupo de pertenencia y referencia? Por supuesto que no, lo malo es cuando ese grupo es excluyente: “En este foro de debate cristiano (me dijeron hace unos días atrás) no pueden opinar católicos”... Esta frase aparentemente estéril de un moderador de un foro evangélico se me ocurre relacionarla con el pensamiento maquiavélico que aconseja la “fabricación” de un enemigo en común con el fin de consolidar la unidad del grupo (algo parecido a lo que hizo Hittler o hace Bush) También Sartre dice que “Para que un grupo se constituya hace falta un enemigo afuera y un sospechoso adentro”. El enemigo exterior abroquela al grupo en torno a la propia integridad amenazada. El sospechoso interno es vivido como un espía, alguien que mantiene algún tipo de nexo con el enemigo y que comparte con él el objetivo de destruir al grupo. (13)
Lealtades concéntricas
Pero ¿debe todo grupo para existir crear un exogrupo como enemigo en común? Por supuesto que no. Ningún grupo necesita excluir al otro con el afán de autoafirmarse, Muy por el contrario, podemos entender nuestro endogrupo como perteneciente a otro mayor en el sentido concéntrico. Hace pocas décadas atrás la definición de argentino era: católico, blanco, conservador... excluyendo a los negros, evangélicos y socialistas (por ejemplo) En la época de la dictadura infame, todo “diferente” era visto como sospechoso y hasta enemigo. Hoy, podemos comprender que las minorías son parte de un todo que es el ser nacional. No hay razón lógica para que los grupos (étnicos, culturales, etc.) se excluyan. Ningún nosotros en este mundo puede excluir al vosotros.

16 agosto 2006

Mensaje a los Cristianos


Las convulsiones producidas por los acontecimientos políticos, religiosos y sociales de los últimos tiempos, posiblemente han llevado a los cristianos de Colombia a mucha confusión. Es necesario que en este momento decisivo para nuestra historia, los cristianos estemos firmes alrededor de las bases esenciales de nuestra religión.
Lo principal en el Cristianismo es el amor al prójimo. "El que ama a su prójimo cumple con su ley." (S. Pablo, Rom. XIII, 8). Este amor, para que sea verdadero, tiene que buscar eficacia. Si la beneficencia, la limosna, las pocas escuelas gratuitas, los pocos planes de vivienda, lo que se ha llamado "la caridad", no alcanza a dar de comer a la mayoría de los hambrientos, ni a vestir a la mayoría de los desnudos, ni a enseñar a la mayoría de los que no saben, tenemos que buscar medios eficaces para el bienestar de las mayorías.
Esos medios no lo van a buscar las minorías privilegiadas que tienen el poder, porque generalmente esos medios eficaces obligan a las minorías a sacrificar sus privilegios. Por ejemplo, para lograr que haya más trabajo en Colombia, sería mejor que no se sacaran los capitales en forma de dólares y que más bien se invirtieran en el país en fuentes de trabajo. Pero como el peso colombiano se desvaloriza todos los días, los que tienen el dinero y tienen el poder nunca van a prohibir la exportación del dinero, porque exportándolo se libran de la devaluación.
Es necesario entonces quitarles el poder a las minorías privilegiadas para dárselo a las mayorías pobres. Esto, si se hace rápidamente es lo esencial de una revolución. La Revolución puede ser pacífica si las minorías no hacen resistencia violenta. La Revolución, por lo tanto, es la forma de lograr un gobierno que dé de comer al hambriento, que vista al desnudo, que enseñe al que no sabe, que cumpla con las obras de caridad, de amor al prójimo, no solamente en forma ocasional y transitoria, no solamente para unos pocos, sino para la mayoría de nuestros prójimos. Por eso la Revolución no solamente es permitida sino obligatoria para los cristianos que vean en ella la única manera eficaz y amplia de realizar el amor para todos. Es cierto que "no haya autoridad sino de parte de Dios" (S. Pablo, Rom. XXI, 1). Pero Santo Tomás dice que la atribución concreta de la autoridad la hace el pueblo.
Cuando hay una autoridad en contra del pueblo, esa autoridad no es legítima y se llama tiranía. Los cristianos podemos y debemos luchar contra la tiranía. El gobierno actual es tiránico porque no lo respalda sino el 20% de los electores y porque sus decisiones salen de las minorías privilegiadas.
Los defectos temporales de la Iglesia no nos deben escandalizar. La Iglesia es humana. Lo importante es creer también que es divina y que si nosotros los cristianos cumplimos con nuestra obligación de amar al prójimo, estamos fortaleciendo a la Iglesia.
Yo he dejado los privilegios y deberes del clero, pero no he dejado de ser sacerdote. Creo que me he entregado a la Revolución por amor al prójimo. He dejado de decir misa para realizar ese amor al prójimo, en el terreno temporal, económico y social. Cuando mi prójimo no tenga nada contra mí, cuando haya realizado la Revolución, volveré a ofrecer misa si Dios me lo permite. Creo que así sigo el mandato de Cristo: "Si traes tu ofrenda al altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda" (S. Mateo V, 23-24).
Después de la Revolución los cristianos tendremos la conciencia de que establecimos un sistema que está orientado por el amor al prójimo.
La lucha es larga, comencemos ya...
Camilo Torres
San Martín. Ideología, organización y voluntad de ser libres.
Por Daniel Ezcurra.

Tan solo doce años le bastaron a José de San Martín, para transformarse en el símbolo más alto de la emancipación americana en tierras del Plata. Doce años donde lo que estaba en juego era el derecho a la existencia misma como pueblo. Dos años menos de los que durara la guerra abierta contra el poderío español, iniciada en 1810 con el movimiento revolucionario juntista que recorrerá el continente y culminada en la planicie de Ayacucho en 1824.El teniente coronel San Martín como militar y como tipo humano será forjado en la fragua de la sociedad española. Su llegada en 1812 a estas tierras, como la de otros tantos criollos en el resto de América, será un capítulo más de la confrontación que agitaba a Europa entre los principios de libertad, igualdad y fraternidad del liberalismo democrático y el oscurantismo monárquico.Esta opción ideológica lo lleva a continuar en tierra americana, la lucha que parecía derrotada en España con la ocupación francesa y la caída de la Junta Central de Sevilla, portadora de la cimiente democrática y popular. Ideología frente a la imagen del hombre más allá de las pasiones políticas que nos presenta la historia oficial.San Martín ocupa su puesto en el amplio frente de la emancipación pero no desde cualquier lugar, sino desde una organización política (la logia) que darán fortaleza y proyección a su accionar. Ideología y organización lo llevarán a desobedecer al gobierno de la burguesía comercial porteña cuando este privilegie esos cortos intereses por sobre los de la nación alzada contra el despotismo colonialista.En Cuyo, construirá el instrumento de la liberación (el Ejército de los Andes) a partir del Estado, planificando la utilización de los recursos propios, movilizando y apelando a la participación protagónica de las mayorías, sin olvidar que mientras una porción de territorio americano estuviese bajo el yugo del opresor la libertad del conjunto no estaría asegurada. Pueblo en armas y unidad latinoamericana serán el aliento de su campaña americana.Como tantos otros patriotas, una vez derrotado el poder español, San Martín sufrirá las consecuencias de la mezquindad de una clase dominante que se desinteresará de la integración regional para privilegiar los lazos de la dependencia económica como socia menor de la potencia de turno. Esos sectores que lo hostilizaron, lo llevaron al exilio y lo transformarán en mármol. «Lo que no puedo concebir es que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su patria» dirá de éllos.Pero aquel criollo español liberal, democrático y hombre “del partido Americano” como se caracterizaba a si mismo, seguirá marcando la senda del proyecto que cada generación debe hacer propio en las circunstancias que le son dadas: SEAMOS LIBRES LO DEMÁS NO IMPORTA. *Coordinador de las Cátedras Bolivarianas Univ. Popular Madres Plaza de Mayo. Director del ISEPCI.

extraído de Boletín Patria Grande