07 enero 2015

¿Y porqué no le dan ustedes?



Lucas 9: 10 – 15

Recuerdo que hemos hablado en alguna oportunidad de estos versículos. Espero no reiterarme mucho para no aburrirlos. Pero hay tres cosas fundamentales que a mí me llamaron la atención cada vez que leo esta experiencia en cualquiera de sus versiones escritas por los cuatro evangelistas y quisiera que hoy las repasemos brevemente.

1.- Jesús hace milagros
                No cabe ninguna duda que Jesús es milagroso. Hoy estamos rodeados de milagreros que hacen trucos de magia para llamar la atención de las masas y posicionarse como grandes señores. Jesús no era milagrero, Jesús es milagroso. Hay una gran diferencia. Jesús no hizo milagros para que todos lo admiren, él “sanaba a los que necesitaban ser curados” (vs. 11)
Jesús no hacía milagros porque necesitaba ser visto, no sanaba para que lo invite Susana, en más de alguna ocasión después de haber sanado solicitaba que no le digan a nadie. No quería ser milagrero.
Como seguidores de su ejemplo es bueno recordar que no estamos en este mundo para hacer grandes “campañas de fe y milagros”, estamos para ayudar al prójimo, para ayudarnos entre todos a lograr el milagro de suplir las necesidades que nos agobian.
Cuando los discípulos le piden a Jesús que se desligue del problema (despídelos para que se vayan) Jesús los desafía a solucionar el problema del prójimo: dadle vosotros de comer…
Pero sólo cuando los discípulos reconocen su impotencia frente a su obligación, es cuando Jesús actúa.

2.- cinco mil personas sin contar las mujeres y los niños.
                No lo expresa así Lucas, pero dice que eran cinco mil hombres. (14)
                Las mujeres, los niños, los discapacitados, los pobres, los originarios, los negros… (y síguela cuenta) nunca fueron tenidos en cuenta.
                La legislación romana (de donde deriva la nuestra), establecía que en épocas de hambruna, de sitio de la ciudad por el enemigo, un hombre podía comerse a sus hijos… la mujer era comprada en la mayoría de las culturas, los discapacitados tirados de alguna montaña y los viejos muchas veces abandonados a su suerte.
Jesús vino a enseñarnos que las mujeres y los niños cuentan.
María se sentó a los pies del maestro, Marta se quejó porque era una actitud reservada a los hombres solamente. Pero Jesús le dio su lugar.
El mismo Jesús que tomó un niño, lo puso en el centro y nos enseñó que debemos ser como ellos si queremos estar en el buen camino.
Aquel Jesús de la parábola que nos invita a salir por los caminos buscando a los pobres y discapacitados, porque ellos SI cuentan

3.- Jesús nos da una comisión: Dadle vosotros de comer
                Durante mucho tiempo hemos enseñado que la gran comisión está relacionada con temas supramundanos, con la salvación del alma desencarnada.
Jesús, nuestro ejemplo, no era ningún reduccionista.
Jesús no vino a salvar “almas”.
Jesús se preocupó del hombre como ser integral.   Su cuerpo, su mente, su espíritu. El hombre como ser social, cultural y político… todo le interesa a nuestro Señor y todo quiere salvar y sanar.
8 niños argentinos mueren por día a causa del hambre en un país con 6 millones de evangélicos y muchos más católicos con un mandato ineludible: denle ustedes de comer.
                No es producto de la casualidad que estemos en Boulogne. Dios tiene un propósito para nosotros en este barrio y nos dice: denle ustedes de comer.

                ¿Cuáles son las necesidades del barrio? Porque es parte de nuestra misión evangélica preocuparnos por cada necesidad de cada ser que nos rodea.