02 agosto 2007

El sueño de un loco


Los psicólogos creían que estaba loco. Sus compañeros del bar decían que era un romántico. Los políticos apoyaban a los psicólogos.
La verdad es que él tenía una idea que se había convertido en obsesión: quería que el mundo se entere de su verdad y para ello todos los santos días a las seis de la tarde se paraba en la orilla del río de La Plata y le gritaba a los uruguayos: “¡Las fronteras no existen!” Tenía la convicción irreductible de que de alguna manera, algún día, los uruguayos escucharían su grito y comprenderían que las fronteras no existen.
Años y años mantuvo esta estéril costumbre. Cuando su hijo fue grande lo empezó a acompañar y el hombre dijo: si somos dos, habrá más fuerza y tal vez nos escuchen.
Un día un notero de la prensa amarillista que tal vez no tenía de qué hablar decidió hacerle una nota. No sabía el periodista la reacción en cadena que esto produciría. El periodista comentó:
- Los psicólogos dicen que usted está loco
- Locos están los que inventaron las fronteras
- Yo estoy de acuerdo con usted, pero ¿no se da cuenta de que de Uruguay nunca lo escucharán gritando?
- Puede ser que esté loco, pero Usted señor periodista me está tratando de estúpido. ¿Cómo no voy a saber de que no escuchan el grito de un hombre? Pero cuando empecé estaba sólo, hoy tengo el 100% más de gente porque me acompaña mi hijo. Tal vez en un futuro haya tanta gente gritando que los hermanos de la otra orilla nos escuchen entonces el mundo será mejor.
- Yo me comprometo a venir a verlo una vez por mes, antes que salga nuestra revista para ver los adelantos de su causa.
La nota se llamó “un loco que quiere un mundo sin fronteras grita todos los días en soledad”
La sorpresa fue al mes, cuando el periodista se acercó y vio que eran cuatro personas que gritaban a diario. En forma de sorna le dijo: ¿ya lo escucharon? – Todavía no, pero falta menos.
Al otro mes eran diez, después veinte. Y como dicen que la locura es contagiosa, también en Uruguay se enteraron y comenzaron a reunirse a la misma hora en el lugar de enfrente y al unísono gritaban: ¡las fronteras no existen!
Tanta fama adquirió nuestro loco que ya los psicólogos decían que era un idealista, los amigos del café cambiaron su “romántico” por “utópico” y los políticos le ofrecieron cargos. Pero nuestro amigo no cedió a la presión de los cuerdos.
La manifestación más grande se produjo en navidad del año pasado. Los medios no supieron decir cuanta gente había, ¡Pero eran millones! De las dos márgenes del Plata gente parada una al lado de la otra. En Argentina llegaban desde la desembocadura del rió de La Plata al mar, hasta San Isidro. En Uruguay llegaban hasta Carmelo uno al lado de otro.
Todo el mundo pendiente de que iría a pasar. A las seis de la tarde gritaron al unísono: ¡Las fronteras no existen!
Ninguno de los que estábamos allí escuchamos el grito de los de enfrente. Pero ya no importó.

Un sueño del 1/8/2007

29 julio 2007

Anti parábola
Mateo 25:14-30

La parábola (historia del reino de los cielos)

El reino de los cielos es como un hombre que partiéndose lejos llamó á sus siervos, y les entregó sus bienes. Y á éste dió cinco talentos, y al otro dos, y al otro uno: á cada uno conforme á su facultad; y luego se partió lejos.
Y el que había recibido cinco talentos se fué, y granjeó con ellos, é hizo otros cinco talentos.
Asimismo el que había recibido dos, ganó también él otros dos.
Mas el que había recibido uno, fué y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.
Y después de mucho tiempo, vino el señor de aquellos siervos, é hizo cuentas con ellos. Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; he aquí otros cinco talentos he ganado sobre ellos. Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor.
Y llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; he aquí otros dos talentos he ganado sobre ellos. Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor.
Y llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste, y recoges donde no esparciste; y tuve miedo, y fuí, y escondí tu talento en la tierra: he aquí tienes lo que es tuyo. Y respondiendo su señor, le dijo: Malo y negligente siervo, sabías que siego donde no sembré y que recojo donde no esparcí;
Por tanto te convenía dar mi dinero á los banqueros, y viniendo yo, hubiera recibido lo que es mío con usura. Quitadle pues el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. Porque á cualquiera que tuviere, le será dado, y tendrá más; y al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado. Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes
La anti parábola (la historia del capitalismo)

La historia de este mundo es semejante a un hombre que partiendo lejos llamó a sus dos siervos. A uno le dio cinco talentos y al otro sólo uno y luego partió lejos.
Y después de mucho tiempo vino el Señor de aquellos siervos e hizo cuentas con ellos.
Y llegando el que había recibido un solo talento le dijo: Señor, un talento me diste, con el hice un barco, fui a un lugar llamado África y cacé unos cuantos negros a los que reduje como esclavos y los puse a trabajar. Al tiempo gané mucho dinero, tanto como para mandar a construir tres calaveras. Con ellas fui a descubrir América y traje todo el oro y la plata posible. Saquié, robé , maté, y acá tienes la ganancia: países capitalistas prósperos.
Y el Señor del Capitalismo le dijo: Bien buen siervo y fiel, sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el gozo del tío Sam.
Pero el que había recibido cinco talentos le dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste, y recoges donde no esparciste; y tuve miedo y fui y entregué los talentos que me diste cambiándolos por espejitos de colores: les regalé el petróleo a unos, el gas a otros. Ya nada es nuestro Señor. Unos administran el oro y la plata y se llevan todo el dinero. Otros administran el petróleo y se llevan las ganancias. Los teléfonos, las Aerolíneas fueron entregadas. Las mejores cosechas van a otros países y nuestro pueblo come las sobras. Y el Señor del capitalismo le dijo: Bien buen siervo y fiel: sobre mucho has sido infiel, sobre mucho te pondré