El sueño de un loco


Los psicólogos creían que estaba loco. Sus compañeros del bar decían que era un romántico. Los políticos apoyaban a los psicólogos.
La verdad es que él tenía una idea que se había convertido en obsesión: quería que el mundo se entere de su verdad y para ello todos los santos días a las seis de la tarde se paraba en la orilla del río de La Plata y le gritaba a los uruguayos: “¡Las fronteras no existen!” Tenía la convicción irreductible de que de alguna manera, algún día, los uruguayos escucharían su grito y comprenderían que las fronteras no existen.
Años y años mantuvo esta estéril costumbre. Cuando su hijo fue grande lo empezó a acompañar y el hombre dijo: si somos dos, habrá más fuerza y tal vez nos escuchen.
Un día un notero de la prensa amarillista que tal vez no tenía de qué hablar decidió hacerle una nota. No sabía el periodista la reacción en cadena que esto produciría. El periodista comentó:
- Los psicólogos dicen que usted está loco
- Locos están los que inventaron las fronteras
- Yo estoy de acuerdo con usted, pero ¿no se da cuenta de que de Uruguay nunca lo escucharán gritando?
- Puede ser que esté loco, pero Usted señor periodista me está tratando de estúpido. ¿Cómo no voy a saber de que no escuchan el grito de un hombre? Pero cuando empecé estaba sólo, hoy tengo el 100% más de gente porque me acompaña mi hijo. Tal vez en un futuro haya tanta gente gritando que los hermanos de la otra orilla nos escuchen entonces el mundo será mejor.
- Yo me comprometo a venir a verlo una vez por mes, antes que salga nuestra revista para ver los adelantos de su causa.
La nota se llamó “un loco que quiere un mundo sin fronteras grita todos los días en soledad”
La sorpresa fue al mes, cuando el periodista se acercó y vio que eran cuatro personas que gritaban a diario. En forma de sorna le dijo: ¿ya lo escucharon? – Todavía no, pero falta menos.
Al otro mes eran diez, después veinte. Y como dicen que la locura es contagiosa, también en Uruguay se enteraron y comenzaron a reunirse a la misma hora en el lugar de enfrente y al unísono gritaban: ¡las fronteras no existen!
Tanta fama adquirió nuestro loco que ya los psicólogos decían que era un idealista, los amigos del café cambiaron su “romántico” por “utópico” y los políticos le ofrecieron cargos. Pero nuestro amigo no cedió a la presión de los cuerdos.
La manifestación más grande se produjo en navidad del año pasado. Los medios no supieron decir cuanta gente había, ¡Pero eran millones! De las dos márgenes del Plata gente parada una al lado de la otra. En Argentina llegaban desde la desembocadura del rió de La Plata al mar, hasta San Isidro. En Uruguay llegaban hasta Carmelo uno al lado de otro.
Todo el mundo pendiente de que iría a pasar. A las seis de la tarde gritaron al unísono: ¡Las fronteras no existen!
Ninguno de los que estábamos allí escuchamos el grito de los de enfrente. Pero ya no importó.

Un sueño del 1/8/2007

Comentarios

Anónimo dijo…
TAMBIEN LA BOLUDES...
No solo la locura es contagiosa,lo es tambien la mentira,y la desidía de los gobernantes que dicen que gobiernan por los intereses de sus pueblos.Nada le importa tanto al gbno de Uruguay como al de Argentina el sentimiento que ambos pueblos nos tenemos.Para mi como argentino,Uruguay esta tan cercano a mis afectos,admiro a Julio Sosa,amo el arte de China Zorrilla,grite los goles del Manteca Martinez...para los gbnos la unica frontera es...su propia boludes.

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